Si el desamor es un mero guión o la experiencia vivida y repetida por Rodrigo Arena, autor de Mis días sin Victoria, es prescindible al momento de observar cómo yace en el suelo, con el alma desnuda y abierta por completo al público. El pecho cerrado y su respiración agitada, borran toda frontera entre la ficción y la realidad, entre les intérpretes y las personas que les habitan. 

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