Agroecología -o la tierra como cuerpo

Escribe: Lorena Bermejo

Foto portada: Belén Ranelli

Sobre la Avenida Díaz Vélez, en el barrio de Almagro de la Ciudad de Buenos Aires, unas diez personas esperan en fila. Es jueves, y a la noche van a anunciar el comienzo del aislamiento social obligatorio. La fila es para entrar al almacén de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), una organización que agrupa a trabajadores y trabajadoras rurales, y que fomenta y acompaña una nueva forma de producción: la agroecología.

La posibilidad de este modelo de producción tiene una base clave, el acceso a la tierra como vía para la recuperación de la soberanía alimentaria. El modelo convencional que conocemos, a través del que se producen las verduras y frutas que llegan a la verdulería de la cuadra o a las góndolas del supermercado, está basado en siembras aceleradas con agroquímicos, trabajo sin límites horarios, pagos mínimos y la tierra como recurso para la explotación. En las chacras donde se realiza la siembra hay que pagar el alquiler de la tierra, los químicos y la semilla. Y entre la chacra y la góndola, están los intermediarios: el transporte, el mercado central, los dueños de los comercios. Es casi imposible, entonces, que en esta rueda de producción masiva, no se pierda la noción del tiempo, los ritmos reales de cada cultivo.

Zulma Molloja trabajó durante cinco años en una chacra con patrón en La Plata, Provincia de Buenos Aires. “En una producción convencional tenés que estar ahí todo el tiempo, curando y poniendo los químicos. Tenés que cuidar que los chicos no anden en la cosecha, porque está envenenada y es un peligro”, relata desde Bolivia, donde nació y ahora está de visita. Los horarios de trabajo nunca estaban claros: “el patrón nos decía: esta carga es para las cinco de la mañana, que a esa hora viene a cargar el camión. Entonces una se levantaba preocupada, temprano, a cortar la lechuga con el cuchillito, todo, y después él venía y decía: ah, no, al final es para la una de la tarde. Se reía, se burlaba de nosotros porque hacíamos caso a todo”.

Hace siete años que ella y su familia son parte de la UTT. Al principio se fueron de la chacra. Compraron su propia parcela con otras personas, unas 10 hectáreas que se repartieron entre todes, y después empezaron con la agroecología. “Antes el patrón nos decía cómo curar la siembra, cómo hacer todo. Al no ser nuestra tierra, aunque le comentábamos sobre la agroecología, él se nos reía. Y no aguantamos más, era muy triste”, explica Zulma. El problema, además de las condiciones de trabajo, era que a veces, a pesar del esfuerzo, la mercadería no se pagaba: “venía un camión y te pedía cierta cantidad de cajones de lechuga. Te hacía esperar meses para el pago, y después no te pagaba, te decía que no se vendió, que se tuvo que tirar. Era pérdida total”. Y entonces para pagar el alquiler de los terrenos -que podía costar, a dinero de hoy, entre 15 mil y 18 mil pesos en parcelas chicas- tenían que recurrir a financieras privadas, pedir créditos y endeudarse. Por eso uno de los proyectos de la UTT es la red de distribución, con los nodos -espacios en distintos barrios donde se hacen compras colectivas para retirar los productos- y los almacenes de venta.

Yo veo a la tierra como un cuerpo. Creo que eso tiene que ver con el feminismo porque hablamos de explotación, de decidir qué hacer con la tierra. Envenenar la tierra es envenenar el cuerpo. Por eso decimos que no envenenar es no maltratar.

Zulma Molloja

Agroecología, la tierra es de quien la trabaja

Foto: Belén Ranelli

La agroecología se nombra como otro modelo porque cambia en la práctica la forma de producción, lo que quiere decir que cambian los productos que se obtienen, los tiempos de cosecha y las formas de generar ganancias. Sin agroquímicos las plantas tardan más en crecer, pero también hay más tiempo para pensar en estrategias de distribución, para llevar adelante las tareas que supone el asociativismo y el cooperativismo, como encargarse de la logística de venta y distribución. Y si las tierras son propias no hay que correr con el alquiler.

La agroecología es pensar en que uno tiene su propia tierra y puede decidir qué hacer, cómo producir. Organizados, empezamos a hablar de lo que nos pasaba, a resolver los problemas, por ejemplo, cuando había temporales. Se trata de ayudarse, de estar presente. Lo que nosotros hacemos es pensar cómo cambiar el modelo de producción para vivir más dignamente. Saber que no estamos solos, que somos cada vez más, es algo increíble, te cambia la vida.

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