Curandería: escucha clínica, performática y gualichera

TEXTO E IMAGEN POR AILÉN MONTAÑEZ

Curandería no es lineal en su relato; con una fuerte impronta psicoanalítica, los textos del libro navegan entre la poética y la conceptualización. Tiene diálogos teóricos que oscilan entre Nietzsche y Deleuze. Y hacen falta distintas lecturas para  reconocer los síntomas de un contexto al que precisamente le falta volver a las bases: la escucha. Porque la escucha es también una práctica política.

Este es un libro sobre la escucha en una época del mundo donde parece ser muy difícil escuchar. Pero se trata además de la escucha clínica, de la escucha que podría producirse cuando se manifiesta un dolor o una inquietud en un contexto de análisis específico (…) obliga a des-tramar lo que ya se dijo, lo que ya se sabe, lo que se cree “entender”,  adelanta la contratapa de Curandería, escrito por Victoria Larrosa (Hekht – 2018). 

 “No hay sujeto. No hay vínculo entre dos. ¿Qué es lo que hay, entonces…?” 

Bueno: hay potencias. Me gustaría apostar en sus posibles lecturas a que esta escucha clínica busca realizar creaciones personales pero políticas: escucha atenta y crítica. Des(en)tramar lo obvio, lo propio. También aportar salidas obtusas, oblicuas, para poder ir al cruce de lo otro, para poder apostar al análisis, pero también al contacto de lo común en lo distinto. 

¿O no es eso lo que necesitamos hoy? Individualidad entera, firme, sana, crítica, atenta, pero en comunidad con les otres tan diverses y extrañes como existan, como quieran ser, al infinito. ¿Por qué hablar de necesidad? Para convivir en existencias. El lenguaje siempre nos es ajeno, por eso la escucha de las palabras que nos moldean el mundo tiene que ser una práctica consciente. Las palabras que usamos para pensar y hablar no son nunca enteramente nuestras, sino que ya han sido habladas. El lenguaje pocas veces agota lo que nos pasa , son “fragmentos desesperados por rodear con palabras lo que no es del rubro de lo pronunciable”.

Curandería es entonces una serie de fragmentos que nos evocan metáforas de la escucha y del análisis. Nos traza caminos como mapas, como laberintos: nunca con una única salida, sino con muchas válidas y posibles. Y con las nuevas que se desprendan, también.

Pensar es desear.

El deseo es capacidad de agencia, de poder transformar, moldear, diseñar, hacer un espacio. El deseo como máquina productora, no una máquina funcional, sino un germen de potencias que hay que escuchar, esas cosas que son impronunciables pero que están allí para ser leídas. Leer síntomas de nuestros deseos es uno de los que, creo, son los ejes de este libro.

El saber de unx curanderx consiste en escuchar atentamente un órgano, componer con lo que efectivamente pasa, dejarse atravesar por el mal para que pueda ser desalojado o reducido”

La escucha clínica se evoca como necesaria en los tiempos que habitamos, que nos atraviesan. Pero también sucede como acto político. Componer nuestros males y contextualizarlos es válido tanto como para el resfrío casual como para entender que, como dice Sara Hebe “los cuerpos hablan, no flotan río arriba”. 

Podemos leer síntomas no sólo de nuestro contexto emocional, sino también del político y socio-cultural. Somos parte de un todo, aunque bien nos empujen a querer conservarnos como unx y solo unx. Enteramente nunca podemos ser unx sin les otrxs. La escucha es política por recorrernos por fuera de lxs sujetxs, para entendernos en las palabras y conectar desde lo limitado del lenguaje. Para poder unir fragmentos -palabras- que nos permitan pensar, siempre, nuevas combinaciones, y con ello, nuevos posibles.

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