En los brazos de la fiebre: no es delirio, es amor

POR AGUSTINA VERDI
FOTOGRAFÍA: Antonella Mustacato

 

El recordatorio de silenciar los celulares y un apagón general de luces anuncian el comienzo de la función En los brazos de la fiebre. Dirigida por Franco Salas, la obra se presenta los viernes de noviembre a las 22 hs en el teatro El Brío. Agustina Rittel como Antonella, Florencia Kassis como María Elvira, Andrea Dìez Pèrez como Barbara, Fiorella Roetto como la Doctora Ayerstasan y Ayelén Fernández Steinberg como María Luisa, protagonizan la escena.

Cinco mujeres en escena adaptan el cuento de Horacio Quiroga la sombra de la meningitis, esta vez en clave feminista y con una situación que no estaba en la historia, ni en el imaginario, del escritor: la posibilidad de amor entre dos mujeres.

La familia Funes está pasando por un momento muy difícil, María Elvira, la hermana menor, padece una enfermedad de origen inexplicable que la tiene hace días en cama con grandes alucinaciones producto de la fiebre. Queda al cuidado de María Luisa, su hermana que, mientras sus padres están de viaje, le encarga a la doctora Ayerstasan hacer lo necesario para curarla. Es entonces Antonella, una ex compañera de facultad de la paciente, quien llega para cuidarla. 

El mensaje es un pedido concreto: se necesita su presencia en la casa de los Funes porque en los episodios de delirio que tiene María Elvira, donde no se entiende mucho qué necesita, grita el nombre de Antonella con una claridad inconfundible.

“Supóngase que en la tierra hay un millón, dos millones de semillas distintas, como en cualquier parte. Viene un terremoto y remueve como un demonio todo eso, tritura el resto, y brota una semilla, una cualquiera, de arriba o del fondo, lo mismo da. Una planta magnífica… ¿Le basta eso? No podría decirle una palabra más. ¿Por qué usted, precisamente, que apenas la conoce, y a quien la enferma no conoce tampoco más, ha sido en su cerebro delirante la semilla privilegiada?”.

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Antonella, aunque dubitativa, accede a visitar a la paciente, un poco por el impulso de Bárbara, su compañera de piso, pero también por la gravedad y lo extraño de la situación. Desde el primer encuentro se genera una relación profunda entre las dos, que se mantendrá hasta que la fiebre calme. Miradas intensas, abrazos de amantes que se prolongan en la noche: solo la compañía de Antonella permite a MarÍa Elvira conciliar el sueño y descansar en los momentos donde la fiebre la toma por completo.

María Luisa insiste en definir esa situación de cercanía como parte de la enfermedad. Cree que el amor no es real: ridiculeces producto de las alucinaciones de la fiebre. El peso de la voz de la familia tradicional conservadora que quiere cuidar más la imagen y el qué dirán del apellido Funes estará presente durante toda la obra para callar y prohibir el deseo de María Elvira. Su propia hermana no concibe como posible el amor que hay entre esas mujeres porque enamorarse de un hombre caballero, correcto y buen mozo, casarse y tener hijes es el destino de toda mujer de bien. 

Mientras tanto Antonella tiene noches de insomnio y sueños intensos donde se pregunta cuál es su lugar en la vida de María Elvira. Se pregunta si ella es un mero remedio, si es la sombra de la meningitis, si dejará de ser necesaria ni bien se recupere la enferma como plantea la familia Funes, pero también se pregunta si todo ese amor que comparten es real y continuará creciendo luego de la enfermedad. No se quiere propasar  ni abusar del delirio. No sabe si jugársela para dejar fluir el amor que hay entre las dos o aceptar el lugar que estrictamente le da la familia Funes.

La última noche es la decisiva, MarÍa Elvira le pregunta ¿y cuando sane y no tenga más delirio… ¿me querrás todavía?. Entonces todo lo que pertenecía al plano de la fantasía y del delirio de la fiebre se vuelve realidad para Antonella. Hay registro de su presencia, hay conciencia de sus sentimientos. El amor entre ambas no forma parte del plano de las alucinaciones. Ni un capricho ni una etapa: es real.

La familia Funes hace los mayores esfuerzos por evitar que se vuelvan a ver,  y María Luisa visita a Antonella para avisarle que su hermana viajará a Londres pero ante su ausencia Bárbara recibe el mensaje por ella. Y será entonces fundamental el rol de Bárbara, no solo como interlocutora sino para destrabar el conflicto y convencer a Antonella de visitar a MarÍa Elvira antes de su viaje. 

Un apagón total anuncia el fin a la obra, aplauso sostenido del público y la certeza de que En los brazos de la fiebre se construye una historia de amor desde la profundidad del deseo sin razón aristócrata ni moral aparente. 

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