Porno feminista, no sólo un cambio de roles

POR AGUSTINA VILLA

ILUSTRA NATASHA DYSZEL

El Salón Erótico de Barcelona, en su viralizada publicidad de 2018, nos pregunta cómo aprendimos a coger. “Tal vez creas que fue así –un pizarrón de aula que reza ‘Educación Sexual’– pero la verdad es que fue más bien así, ¿no?” y entonces aparece una de las imágenes más familiares de nuestra pubertad: pantalla de televisión de las de antes, rayas de niebla de canal no contratado, tonos grises que dejan vislumbrar y distinguir el ritmo incesante de una relación sexual. Una teta. Una cara de placer. Un pene erecto que entra y sale. Porno.

“El porno más machista” me corrigen desde Barcelona. Porno de varones deseantes y mujeres siempre provistas para satisfacer esos deseos a cualquier precio. Con el avance de la tecnología, la escena se modifica: ahora lxs chicxs lo miran por el celular. El porno siempre está ahí, cada vez en mejor calidad. Y es que en una sociedad sin educación sexual, el porno es tu libro de instrucciones”.

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En las sociedades contemporáneas, en las que el sexo sigue siendo un tema del que no se habla ni en las familias ni en las instituciones de enseñanza, el porno es la cerradura de la puerta al mundo de los adultos por cual espiamos para saber cómo es eso del sexo. Sin educación sexual, el porno adquiere un carácter de educador. Internet permitió agilizar este proceso; gratis e instantánea, la pornografía está a un clic de distancia de cualquier usuario con conexión. Los videos porno se convierten en el primer contacto que tenemos con las relaciones sexuales. Según coinciden distintos estudios estadísticos, un tercio del tráfico de todo internet está destinado a la pornografía. Un público que crece cada vez más y que, al contrario del imaginario colectivo, no está constituído sólo por varones sino también y cada vez más, por mujeres*. Actualmente, uno de cada cuatro usuarixs de YouPorn son mujeres, y la encuesta anual del sitio web concluyó que el 60% de las mujeres consultadas ven porno. Por su parte, PornHub y XHamster en sus informes anuales de 2017 encontraron que las mujeres consumen más porno que en años anteriores. PornHub indicó un crecimiento del 359% entre 2016 y 2017.

La actriz estadounidense Rashida Jones debutó como directora en Hot Girls Wanted: Turned On, una serie documental de Netflix sobre el cine XXX y que, además de proporcionar distintos datos en relación al porno, entrevista algunas figuras y protagonistas del mundillo. En su primer capítulo, señalan que el 40% de los jóvenes sexualmente activos asegura haber aprendido más de sexo en el porno que en la escuela. ¿Qué es eso que se aprende?

Si pensamos en una escena XXX, es posible que todes imaginemos más o menos lo mismo: mujeres-cis blancas, rubias, peinadas, maquilladas, flacas pero con culos y tetas que se rebalsan de sus mini trajes. Estas mujeres de partes íntimas que emulan el estado de la primera infancia pero que usan los tacos de una vedette veterana, ocupan el 90% de las apariciones en cámara y representan una parte más del escenario predispuesto para satisfacer al varón protagonista: un señor resfriado muy bien atendido por sus enfermeras, un mecánico al que la dueña del auto le agradece especialmente el arreglo, un médico o masajista que se sobrepasa en sus exploraciones, un alumno de yoga con una profesora increíblemente elástica y calentona. Anales, felatios y acabadas en la cara no pueden faltar. Gritos exagerados que envalentonan al partenaire masculino para que no tenga duda de su capacidad de macho alfa que sabe qué hacer con su miembro; entrar y salir por múltiples orificios del cuerpo femenino.

Primerísimo primer plano: un órgano que interactúa con el cuerpo de una mujer. Un sexo no sensual, de casi exclusivo contacto genital, sin caricias, sin abrazos, sin erotismo. ¿Hay alguien que se sienta identificadx con este tipo de encuentro sexual?

Esta idea globalizada del porno, que se replica en nuestras mentes  independientemente de la edad, género, sexualidad o nacionalidad, se vuelve peligrosa cuando se convierte en una idea globalizada sobre el sexo. En primer lugar, porque entendemos como representativa de la realidad una producción ficcional; además, como ficción, se realiza desde una mirada específica y subjetiva en el marco de una estructura y un contexto de desigualdad en todos los ámbitos entre varones cis y mujeres cis y disidencias. Así, esta ficción recrea relaciones sexualizadas entre hombres y mujeres basadas en estereotipos machistas, que se comunican de forma tal que, de no existir otro interlocutor que medie ese mensaje, se normalizan en nuestros imaginarios como un ideal estandarizado que da significación a todo lo que sea sexo. Y a partir de esa idea hacemos lo que podemos para actuar en el momento del encuentro sexual.

Según indica Hot Girls Wanted: Turned On, el 40% de lo que se muestra en el porno es violencia contra las mujeres. El porno “habla de someter y castigar mujeres, no de tener una relación sexual sino de coger mujeres, avasallar adolescentes”. Esta violencia se debe a esos mismos estereotipos, que determinan y distinguen roles sexuales según géneros: las mujeres tienen un rol de pasividad y de servicio para el varón, el ser deseante cuya eyaculación es el fin último de toda relación sexual. Las ganas y el deseo femenino se vuelven elementos secundarios, subordinados al del varón. Si la mujer acaba, es para generar mayor excitación del hombre. Esta idea está presente incluso en aquellos personajes que se manifiestan como deseantesalumna busca calentar a profesor que no se puede contener- y que son luego sometidas al “punish fucking” (coger para castigar), del tipo “¿así que te  gusta coger? Yo te voy a mostrar lo que es coger”.

Esta violencia que comunica la pornografía tradicional está presente también en el momento previo a una relación sexual, en el momento de encuentro, cortejo o seducción; en el cómo relacionarnos para llegar a tener sexo. Bajo la misma lógica, se conforman las ideas bajo las cuales se lapidan las actitudes de las personas en la vida cotidiana: si tiene escote pronunciado, está buscando pija, si está borracha, sexo fácil,si ella no pone resistencia, no es una violación.

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Los feminismos tienen diversas posturas sobre el porno; quienes lo consideran un escenario más donde la mujer ejerce como objeto de consumo masculino, pretenden abolirlo junto con las demás formas de sexualización en una sociedad que comercializa el sexo a través del sistema prostituyente. También existen quienes consideran que el problema no es el porno en sí, en tanto ficción sobre la sexualidad, sino su carácter machista. Desde esta perspectiva, se lo piensa como un espacio más a transformar y reconstruir. En esta línea, surge el porno feminista.

Anna Span, reconocida por ser la primera británica en dirigir una película porno (1999), se define: “soy pro-porno, pues no serlo es entregarle el sexo y la visualización del sexo a los hombres”.

¿Qué es el porno feminista? Según el sitio oficial de los Feminist Porn Awards el  porno feminista se caracteriza por mostrar una proyección del placer más realista, un trato respetuoso de lxs actores, con pagos y condiciones laborales éticas, y directorxs que considerens fantasías y deseos de lxs actores. Además, se amplían los límites de la representación sexual en el cine y se desafían los estereotipos, especialmente de las mujeres y las comunidades sexuales marginadas.

La educadora sexual y directora de cine porno Tristianne Taormino define el porno feminista como aquél dedicado a la igualdad de género y la justicia social, y sostiene que la meta general es empoderar a lxs actores que lo producen y a las personas que lo ven.

Algunas figuras del porno alternativo, como las fotógrafas madre e hija Suzy y Holly Randall y Erika Lust, son entrevistadas en el primer episodio de Hot Girls Wanted: Turned On. Allí, Lust advierte que mucha gente cree que el porno alternativo implica algo suave, romántico, y que ésto no es necesariamente así. Su objetivo como directora y productora (ErikaLustFilms) es mostrar una representación del sexo que se acerque más a la realidad, que sea más erótica, que tenga una historia. Considera que explicar una situación sexual no es sólo ver lo anatómico, la penetración, sino entender la motivación que hay detrás. “A mí lo que me interesa es la acción que un personaje realiza con otro, y luego la reacción de este. La pornografía tradicional no tiene este tipo de planteamientos, es una imagen muy básica, como de máquina, y muy poco humana”.

El porno feminista o alternativo pretende romper con una única representación de la sexualidad desde una mirada machista y misógina que no es justa con algunas de sus partes, que no la conoce, no la representa y no es real. Uno de los puntos centrales para mostrar una sexualidad más amplia, libre e igualitaria, es modificar los roles sexuales pre-establecidos para varones y mujeres. Y para ello, es imprescindible la reivindicación del deseo femenino como existente y válido. Mujeres con deseo, con ganas, con erotismo, que provocan, que sienten, que hacen y que también piden. Como afirma Erika Lust, “las mujeres tenemos que usar nuestra voz, debemos decirle al mundo cómo nos gustaría que sea”.

En el porno feminista, el deseo está intrínsecamente ligado al consentimiento. Incluso dentro de las prácticas sexuales en las que la búsqueda de placer se da a través del dolor y/o la dominación, existen pactos hablados y consensuados previamente. No se trata de restringir formas de la sexualidad, sino del respeto y acuerdo entre las partes para una satisfacción igualitaria. Tristan Taormino señala que las pornógrafas feministas no quieren eliminar las dinámicas de poder, “sino explorarlas de una manera más diversa, matizada y menos estereotipada,en las que el consentimiento sea más explícito”.

El consentimiento es clave también para actores y actrices, camarógrafos y demás realizadores de una película durante la filmación. Actrices forzadas a hacer escenas no pactadas previamente, falta de condiciones sanitarias necesarias, directores que llevan a sus amigos al set y toman cerveza durante las filmaciones, son prácticas que forman parte del universo del porno tradicional. Este punto no es menor, que lxs actorxs sean tratados como profesionales, con salarios acordes y un ambiente de trabajo cuidado, son factores de empoderamiento personal a los que el porno alternativo hace especial alusión. Para Holly Randall, la transformación del porno también pasa por “hacer que lxs modelos o actrices se sientan cómodas, lindas, seguras”.

El cuidado de lxs actores y los ámbitos laborales, además, refuerza la idea de que la pornografía no es otra cosa que un trabajo cinematográfico, con todo lo que ello implica: una ficción. Para Erika Lust es un punto muy importante: aunque el sexo sea de verdad, lo que se ve es una película, una ilusión. “Yo elijo qué mostrar y qué no. Yo creo la imagen que quiero que vos veas como audiencia”, afirma.

Otra cuestión central es la reivindicación de otras formas de sexualidad y búsqueda del deseo. La pornografía tradicional o mainstream es muy estigmatizante: categoriza y fetichiza cuerpos y prácticas, como si escaparan de una normalidad delimitada que indica qué está bien, qué es tolerable, qué es raro y qué es perverso. En este sentido, se suman a los prejuicios machistas, estereotipos racistas, gordofóbicos, homo/lesbo/trans excluyentes. ¿Por qué sería normalidad un profesor con su alumna menor de edad? ¿Qué pasaría si en escena hubiera dos lesbianas negras, una pareja de gordxs, otras identidades que busquen placer entre sí y no para satisfacer los deseos de un varón cis heterosexual?

Esta categorización no sólo tiene que ver con quiénes protagonizan una escena XXX sino también con quiénes la consumen. Decisiones de unos pocos que tienen implicancias en la identidad de lxs consumidorxs: si me gusta el porno gay, ¿soy gay? Una limitación al deseo que determina los gustos y reduce el goce a una sola forma de relación sexual. Que supone la sexualidad como algo estático y, fiel al capitalismo, reduce los gustos o placeres a los consumos.

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En una sociedad cada vez más consciente de sus desigualdades y con la intención de ponerles fin, era necesario que la educación y la pornografía cambiaran.

Si lo personal es político, la sexualidad es un ámbito más para la discusión, el debate, la deconstrucción y la reconstrucción de formas de vincularnos, enseñarnos y aprender. En la búsqueda de una sociedad más libre, justa e igualitaria, se hace imprescindible luchar contra los tabúes más cotidianos y la educación sexual integral es una herramienta fundamental para ello. Es una información autorizada que proporciona saberes por igual, permitiendo el descubrimiento del sexo y la sexualidad como una parte de la vida humana relacionada al placer y no sólo ejercicio reproductivo. Anula el efecto tabú según el cual la información está reservada para unxs pocxs. Permite explorar un espacio fundamental de la relación con unx y con le otres.

En ese explorar, la pornografía también aparece como un aporte fundamental del goce, que todavía resulta hoy un derecho disponibles para unxs pocxs -varones cis heterosexuales-. Si la sexualidad también es una disputa en la construcción de una sociedad sin desigualdades, los espacios de disfrute en el porno alternativo, los sex shops feministas, y esas otras redes de lo sexual afectivo disidente, son reveladoras. Como meta, socializar el goce y permitirse la excitación.

Educación sexual para descubrir, porno feminista para disfrutar, feminismo para decidir.  

*Los estudios citados están hechos a partir de la categoría hombre y mujer cis.

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