A 4 años, ¿Argentina es el país del Ni Una Menos?

IMAGEN AILÉN MONTAÑEZ

El 3 de Junio de 2015 marcó un hito en la convocatoria social y la salida a las calles: hartas de que nos maten cada 24 horas, nos aunamos en torno al Congreso con muchas dudas, pocas certezas pero una clave ¡paren de matarnos!

Recuperamos la lucha de Madres y Abuelas y le exigimos al estado políticas públicas que frenen los femicidios, educación sexual para conocernos y disfrutar, aborto legal y gratuito para no morir.

Entendimos, desde la historia y desde la calle, que los derechos se conquistan poniendo el cuerpo, pero a cuatro años ¿qué avances hay?

En este nuevo 3 de Junio repasamos aquel documento y lo comparamos con un hoy desalentador: en la Argentina del Ni Una Menos, el aborto sigue siendo clandestino y nos arrancan compañeras a diario.

  • En estos cuatro años se registraron 1193 femicidios directos y vinculares; y 31 travesticidios;
  • Sólo en 2019, ya son 133 los femicidios: asesinatos a feminidades resultado de la violencia patriarcal institucional que sufrieron por autopercibirse mujeres;
  • Sólo durante los dos primeros meses de 2019, se registró la peor estadística: un femicidio cada 18 horas; del 2015 a hoy el promedio es de 1 femicidio cada 29 horas;
  • A nivel estatal, no hay una política pública clara y unificada para erradicar las violencias hacia las mujeres; incluso habiéndose modificado el Consejo Nacional de las Mujeres -devenido Instituto- y con un registro propio de la Corte Suprema de Justicia de la Nación;
  • En materia judicial, no está garantizado el acceso a la justicia para las víctimas de violencia y en muchos casos los agentes judiciales descreen de los relatos de las mismas; mientras la sociedad despenaliza algunos debates y desanda micromachismos, hay jueces y juezas que insisten en el “algo habrá hecho”;
  • En ese sentido, el Estado argentino “invierte” $11 por mujer para prevenir cualquier tipo de violencia, cuya mayor expresión es la de que hay un femicidio cada 29 hs; en esta inversión deberían incluirse las capacitaciones en género a agentes del estado, en especial en lo que respecta al rubro de legales;
  • Tampoco se asigna presupuesto a programas sociales que acompañen e impulsen a las feminidades que quieren salir de estos círculos de opresión; en 2015 se exigía la creación de refugios y centros de formación profesional que permitan a las mujeres no pensar en la dependencia económica. Hoy, muchos de los centros creados fueron desfinanciados y cerrados;
  • Se propició el debate por la despenalización del aborto, pero a la vez el misoprostol aumentó en un 400% su valor y desde el estado nacional se acepta la autonomía de las provincias que, deliberadamente, no acatan el fallo FAL que consolida a la práctica como no punible en determinados casos;
  • En este mismo sentido, existen aún provincias que no implementan la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) en sus currículas escolares: para poder decidir sobre nuestras identidades, necesitamos conocimiento, espacio de debate y material teórico actualizado.
  • Lejos de reconocer el relegamiento femenino a las tareas de cuidado, el gobierno acaba de eliminar la jubilación para amas de casa;
  • No está de más aclarar, por último, que las estadísticas con las que se hizo esta recapitulación no provienen de organismos oficiales: el estado tampoco financia estudios o sistemas que registren, computen y centralicen los femicidios y las violencias que -como dijimos- suceden a diario.

Por eso, en el quinto Ni Una Menos, lejos de relajarnos con el crecimiento mediático del feminismo, que festejamos, también seguimos exigiendo los mismos puntos que en aquella primera marcha de 2015. En aquel momento quizás con mucha incertidumbre de qué o con quiénes nos íbamos a encontrar en las calles; hoy, con algunos debates ganados y avances en el entendimiento de la sociedad, tenemos muy en claro que no negociamos ni negociaremos con las vidas de cientos de mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales, no binaries, gordes e ntersex que la complicidad machista no deja de violentar y que por la pasividad estatal no se protegen.

Por eso, seguimos en las calles, gritando cada vez más alto y todas las veces que haga falta que ¡Ni Una Menos, Vivas, Libres y Desendeudadas nos queremos!

Fuentes: Registro Nacional de Femicidios del Observatorio de las Violencias Ahora que si nos ven.

Informe de la Casa del Encuentro.

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