Mojar la cama

TEXTO DE EUGENIA MARTIN

ILUSTRACIÓN DE DIMANGIA

Estoy de espaldas pero sé que estás ahí. Desnudo y con los ojos cerrados, abrazando mi almohada con todo tu cuerpo. Siempre que te haces bolita no puedo evitar jugar a alzarte como si fueses un bebé indefenso, como si no tuvieses casi cuarenta años.

En una especie de susurro me pedís que te rasque un poco la espalda y llevas mi mano hacia el lugar exacto en donde te gustaría que lo haga. Tus canas brillan con el sol de la mañana y yo las acaricio despacio, para que no te despiertes. Estoy segura de que en cualquier momento me vas a preguntar ¿qué desayunamos?, con la voz un poco quejosa. Antes de que te responda vas a levantarte a preparar lo mismo de siempre: tostadas con manteca, miel y pedacitos de banana. Hoy no me importa el desayuno, no quiero que te levantes.

Tu cuerpo ocupa casi toda la cama pero no me quejo, las sábanas todavía están mojadas y se ajustan al contorno de mis piernas. Mi pubis las roza apenas y me acuerdo de tus manos. Sonrío y vuelvo a sentir esa humedad, un leve pero placentero calor que sube desde abajo hasta la boca. Empiezo a buscarte con los ojos cerrados, quiero llegar a la piel suave, tibia: tu entrepierna. Trato de estirarme todo lo que puedo hasta caminar con la yema de los dedos, pero no te alcanzo. Tu cuerpo disminuyó mil veces su tamaño.

Suelto la voz para llamarte, pero no respondés. Solo escucho el traqueteo del ventilador. Repito tu nombre de nuevo. Silencio. Intento abrir los ojos, pero la luz que entra por la ventana no me deja ver. Entonces empiezo a arrastrarme por la cama y a palpar todos los rincones. Solo está la almohada que descansa impune en tu lugar y mi pequeño cuerpo al borde del precipicio de medio centímetro que lo separa del suelo. ¿Dónde estás?, grito mientras me trago las lágrimas y algunos mocos que caen con violencia hasta la boca. Vuelvo a palpar la cama, esta vez con un poco más de desesperación. No estás. No sé si alguna vez estuviste. Lo único que sé es que las sábanas están mojadas y no fueron, no están, tus manos.

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