Putita golosa: una manera de vibrar en el mundo

POR CAMILA PICHARDO Y AILÉN MONTAÑEZ

ILUSTRACIÓN CAMILI BERRONDO

Nuestra revolución: la del deseo

Luciana Peker hace de las ganas y el disfrute el eje de Putita golosa. Por un feminismo del goce (Galerna, 2018). Desde las metáforas sobre comida, hasta la poética de referir al sexo como agua. Los deseos no se piden, se toman y se producen, dice la autora, y es por eso que pareciera que el terreno de la igualdad de derechos gira en torno a este punto transversal a todo el libro.

El derecho a la noche. La noche como pliegue del día que oculta y libera. Momento del día en disputa por las feminidades que desean habitarla. La noche fue tradicionalmente masculina:hasta el día de hoy son ellos los que deciden si volvemos a casa vivas o no. Si la novedad es que la violencia machista no se trague, es porque este siglo parece empujar con las mujeres y disidencias como sujetxs de deseo detrás de esa revolución, porque como bien dice Peker, la lucha no es por ser iguales (nadie quiere ser como vos, Raul), sino por ser libres. Y para eso necesitamos -primero- igualdad de derechos: verdadera igualdad, y no el chiste que predicó la revolución francesa.

Felicidad autogestionada

El feminismo del goce es aquel en el que aflora una nueva politicidad feminina que se nos fue denegada durante mucho tiempo. Dijimos que los deseos se toman y se producen:en estos tiempos donde el feminismo está en alza, vibramos y sentimos que debemos liberar todo lo encapsulado. ¿Cómo lo liberamos? Lo politizamos, lo corremos de lugar, lo criticamos, lo diversificamos – ya que son múltiples deseos los que nos atraviesan-. “El deseo es la mayor fortaleza y la mayor debilidad de las mujeres deseantes” escribe Peker. Poner en marcha, por nuestros propios medios, la búsqueda de satisfacción propia, es un modo de militar activamente el goce: el disfrute de la intimidad, más política que nunca, a los cuerpos, a los orgasmos, es la sanación que llevamos a cabo quienes nacimos en un sistema que nos impuso ideales utópicos de belleza, el mismo que nos dijo que comer del pote de dulce de leche sin mirar las calorías está mal. Por todo eso,  buscarnos y mimarnos: haciéndonos una paja o cocinandonos para nosotrxs mismos.

Contra los mandatos

Si el deseo es producción, entonces cada acción que lleven a cabo las feminidades y disidencias es movimiento y temblor. Una manera de vibrar en el mundo es salir en los actos de todo lo que nos dijeron como mujeres a lo largo de nuestras vidas. ¿Sos gauchita?¿das placer sin deseo? ¿por qué? Peker se pregunta esto y responde desde muchísimas autoras feministas, que si esto sucede es porque a los hombres los educan en el desapego y a nosotras en el amor. Demandamos amor, y ellos “lo ofrecen”. La desigualdad es su primera máxima fundante como eje del amor romántico porque entonces ¿damos sexo para conseguir amor?

Esa realidad también es la del mandato hetero-femenino*: tener unas buenas tetas y un buen marido. El mandato de las tetas fue históricamente asociado a ser femenina en el caso de las mujeres-cis. Para hablar de la construcción sociocultural del amor romántico, la autora recupera las palabras de Coral Herrera Gómez. Y con ella también, del mandato del matrimonio, por qué no. Luego de ser gauchita, también el matrimonio garantizaba un salvataje dentro de la sociedad patriarcal  ¿por qué salvataje? Porque te salva(ba) del enorme prejuicio que existe en cuanto a otros imaginarios posibles para las feminidades: ser torta, una jodida, una soltera, o una puta.

La fuga del pacto heterosexual

Las relaciones eróticas entre las lesbianas no tienen la eficiencia del acto sexual. A veces te importa más dormir cucharita que cuántos orgasmos tenés, recupera Luciana en palabras de Marta Dillon. Esto es lo que permite romper el modelo romántico dominante (y heteronormado) y por lo tanto permite otra circulación del deseo. Por esto y más, las feministas se han cansado de enunciar que lo personal es político.  La fuga del pacto hetero habla de correrse del lugar de ser mujer-función, y por ende de todos los mandatos que hay que acatar para depender de agradarle al varón (masculinidad hetero-cis).

Por eso Peker habla del éxodo de lesbianas, hetero-curiosas y lesbomoda. Porque allí se encuentran ciertas salidas hacia la libertad sexual: disfrutar, descubrir y sentir nuevas sensaciones por vos misma, y para vos misma. Siempre con la lupa patriarcal, porque en la sociedad en la que vivimos, todxs nacimos machistas. Pero el hecho de ser torta abre posibilidades de construir vínculos por fuera de esa lógica, precisamente porque ese tipo de vínculos no fueron pensados dentro del modelo patriarcal.

Varón, decime qué se siente

Cuidado con lo que vengo llamando “un feminismo del enemigo”, pues todas las políticas que se arman a partir de la idea de un enemigo caen irremediablemente en el autoritarismo y en formas de accionar fascistoides. El feminismo no puede y no debe construir a los hombres como sus enemigos “naturales”. El enemigo es el orden patriarcal, que a veces está encarnado por mujeres. Esta fue una de las alertas que dió Rita Segato en una entrevista con Página 12.

El sentido común lleva a pensar que el feminismo encara una guerra de sexos que pone de espaldas mujeres contra hombres,pero Peker hace hincapié en que el machismo perjudica a las mujeres y, también, perjudica a los varones. Así como el movimiento feminista ha sabido organizarse y repensarse, debemos construir espacios propios para tirar abajo la masculinidad machista entre todxs.

Riendas compartidas: responsabilidad afectiva

Y en este movimiento estructural – donde lo viejo tambalea, se aferra fuerte, se recrudece y cambia – hay un viraje en la concepción de lo que se viene construyendo como deseo. Producimos un deseo que se alza como un grito desesperado de liberación y ya no nos comemos el cuento. Buscamos romper con vínculos que nos oprimen y pregonamos un romanticismo práctico que entiende de reciprocidad y se embandera en un amor o nada. “El patriarcado educa a la mujeres para que pongamos al amor en el centro de nuestras vidas y a los hombres se les enseña a colocar el amor al mismo nivel que el trabajo, el éxito en los negocios, las relaciones con sus grupos de amigos y con su familia, el deporte y sus pasiones personales”, cita Peker las palabras de la escritora Coral Herrera Gómez.

Si duele, rajá. Corré bien lejos. Peker nos invita a no perder el eje y tomar aire para ser conscientes de los vínculos que formamos. Querernos bien, tanto en un garche afectivo como en las nuevas formaciones amorosas entre dos o más personas. Exploremos el placer de reinventar nuevas formas con una responsabilidad afectiva que goce de empatía, desinterés, solidaridad, comunicación y negociación de pactos que nos hagan sentir bien a todxs.

(por un) feminismo del goce transgeneracional

A lo largo del texto, Peker tiene interlocutorxs totalmente diversxs y cruza a todas las generaciones. Y en su diversidad, el libro podría llegar a manos de aquellas mujeres hetero-cis que se autodefinen como madres, esposas, amas de casa, para despertar algún tipo de diálogo o pregunta feminista. Las que no se preguntaron posibilidades, y tal vez hubieran querido elegir, o las que no se las preguntaron y seguirían eligiendo lo que son. Hablar de aborto, también se incluye en contra de los mandatos: el de la maternidad, en pos de que sea, sólo si es deseada.

Putita Golosa milita la pregunta, el cuestionamiento, que es el abc para repensar un género -el de las mujeres, el de las feminidades- y que ello nos lleve a ser más libres y empoderadas. A reconstruirnos y rearmarnos tirando abajo, mediante la toma de conciencia, el mito de la mujer incompleta.  

Por eso lo que jode, es el deseo. Y también por eso, como putita golosa apostamos al goce, y empoderarnos será gozar de nuestra existencia y de nuestra sexualidad.

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