Desnudos: una declaración de independencia

Por Sofía Lecot

Fotografías de Lucía Barrera Oro

 

 

«Ninguna obra de arte debe describirse o explicarse mediante las categorías de la comunicación»
W. Adorno, Teoría Estética, Frankfurt, 1970, p. 167

 

“Hipnotismo de un flagelo. Dulce, tan dulce. Cuero, piel y metal. Carmín y charol”. Canción Animal es el tema favorito de Kenia, o Karmin para sus conocidos (@karminycharol en Instagram). Una vez, en una sesión con una pareja BDSM(1), lo representó: los deseos personales puestos en escena. Y si no me extraña que Canción Animal sea su preferida es porque la describe a la perfección. Tersa piel chocolate, de rebelde melena y sonrisa enceguecedora. Alma de fantasías jugosas y bestial sexualidad.

Nacida en Caracas, Venezuela, Karmin trae un maletín lleno de sueños a Buenos Aires y los comparte a diario. Sus redes repletas de curvas, invitan a repensar construcciones y creencias. Tiene 33 años, es Licenciada en publicidad, maquilladora y una talentosa modelo de desnudos, adjetivos superfluos que no hacen justicia a la hora de describir su maravillosa y singular personalidad.  

La primera vez que le dieron ganas de hacer un desnudo, hace varios años y para una fotógrafa venezolana que admiraba, su primera reacción fue preguntarle a su pareja qué le parecía. Él dijo no y ella tuvo que guardar el deseo en esa lista que queda olvidada en el cajón de lo prohibido. Hoy no hay nadie ni nada que la frene, libre como sus rulos no desperdicia oportunidad para encantar a la cámara con su desnudez.

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Cosas locas sí tiene la vida y Karmin comenzó a modelar por casualidad hace tres años, principalmente fotografía urbana. La caraqueña de aquel entonces distaba mucho de la que es hoy. Comentó que en aquellos días no llevaba el pelo rizado, es más, que en la familia de ella nadie tiene el pelo rizado, el pelo afro, porque es muy común en Venezuela el alisado permanente. Fue para una segunda sesión de fotos que una chica le preguntó por qué no se dejaba los rulos. Y así como la deconstrucción lleva tiempo, rizar un pelo luego de dos décadas no es fácil tampoco “me lo enrulaba con sorbetes. Desde los nueve años que me lo alisaba. Estuve un montón de tiempo negándome a mí misma. Yo iba a la peluquería una vez a la semana. Con esa plata me hubiese viajado el mundo veinte veces”.

Repasando los recuerdos más bellos de su país natal no evitó destacar la vanidad de su sociedad, esa competencia constante por pertenecer al grupo reducido de mujeres que logran llegar al Miss Universo, obsesionadas con la delgadez extrema y las cirugías. A ella, que siempre le llamó la atención el modelaje, le pareció que sería raro” para alguien de su contextura, “no podría haberme dedicado de la misma manera”.

“Mi primer desnudo lo hice para Ana Harff, en 2016. Es una fotógrafa brasileña que tiene un workshop para retratar con cámara analógica la singularidad de cada mujer. Desde entonces, mi principal es el desnudo” comentó sonriente Karmin y explicó que a veces la ropa entorpece lo que uno quiere decir, y puede sonar lógico o fácil de ver, pero en una situación de modelaje, la posición del poder está en la cámara; del otro lado, la vulnerabilidad de tener que obedecer, y cuando a esto se suma la condición del desnudo, estar totalmente descubierta, la revelación es aún más necesaria: “es mi acto de rebeldía, mi lugar de poder, mi lugar cómodo en el mundo” . El desnudo es para Karmin una declaración de independencia.

Además de encontrar su espacio de libertad, el desnudo llegó a significar mucho más para Karmin. En cada foto deja un poco de su fuego y erotismo y si bien no cree que desnudarse frente a una cámara sea la única causal, sí admite que gracias a eso pudo explorar más su sexualidad, ese tema satanizado particularmente cuando se refiere al cuerpo de la mujer. Hoy no solo posa frente a un lente, también lo hace sola frente al espejo, recorriendo parte por parte su cara, extremidades, torso… “la verdad me amigué mucho con mi cuerpo y mi desnudez a partir de mi despertar sexual. Y el compartir el desnudo se me empezó a hacer natural gracias al sexting y al send nudes. Por eso tenía la curiosidad de hacer desnudos (eróticos o no)”.

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El desnudo no es solo una modalidad, una tendencia o un capricho; el desnudo es, por así decirlo, un cambio de paradigma. El lema feminista que afirma que “el problema no está en la teta que se ve, sino en el ojo que la mira” define a la perfección el dilema del que acá hablamos. Según la heteronorma, la mujer debe estar disponible (desnuda) solo para su propietario, por eso los pezones de los hombres están bien vistos y los de la mujer no. “A la sociedad le asusta una mujer que se desviste porque se le da la gana”, dice Karmin.

Y si hablamos de miedos, nos preguntamos también por qué tanto bombardeo con productos de belleza: estrías, cicatrices, celulitis y gordura son parte de nuestros cuerpos, y quien no lo acepte tendrá solo la salida normativa: dieta de la luna o la scardale, odio hacia el cuerpo y negación del placer. Pero fuera de los medios reproductores del patriarcado, fuera de las publicidades y de los shoppings, existen personas como Kenia, que enseñan que ser delgada no quiere decir ser bella y que tampoco es razón sine qua non para poder compartir la desnudez en público. “Hoy puedo decir que me gusta mi desnudez, no me pone nerviosa. Desde mi adultez estuve cómoda con mi cuerpo, me enamoré de mi misma”.

El desnudo es acto de rebeldía porque, como afirma Kenia, al sistema no le sirve una mujer segura: “Se cae todo. Las cremas, los gimnasios, la ropa, todo el mercado. Nosotras les servimos dormidas.”  Pero también es compartir el placer y hacerlo arte, un arte que incluye la interpretación-participación de un otrx que complementa el significado, que lo construye en conjunto: “no es lo mismo lo que quiero mostrar a lo que otrx ve. No es nada hasta que otrx lo aprecia”.

Y no es casual que esta ola artística del desnudo se de en las redes sociales. Si los medios censuran, las redes tienen el mismo poder de determinar lo que se está permitido mostrar. Kenia recordaba su serie favorita de los ‘90, Sex and the City, como la única que hablaba de sexo a través de personajes mujeres, que tenía una Samanta que hacía lo que se le daba la gana en una época en que no se hablaba de los placeres femeninos en la pantalla, en una época en que el lema era el de la princesa que debe ser rescatada por el príncipe.

img266Cómoda ante el lente, Karmin muestra que lo personal es un acto político que pone en tela de juicio la hipersexualización de los cuerpos femeninos y reivindica a las mujeres empoderadas sexualmente. Invita a pensar el arte del desnudo como algo colectivo. Hace un tiempo, en un workshop de lencería erótica, Karmin fue elegida como coach para guiar a las modelos que serían fotografiadas. Durante toda la sesión de fotos generó una dinámica entre las catorce mujeres que modelábamos, para incentivarnos a querer nuestros cuerpos y construir con la persona que estaba a nuestro lado, un vínculo desde lo más íntimo: la desnudez.

El desnudo, antes vulnerabilidad y hoy poder, nos trajo de la mano de Karmin un sentimiento de rebeldía contra todo lo impuesto y nos mimetizó en una sola cosa, en una sororidad que desea explotar y contagiar al otrx desde el “querer-se/nos”, un ideal de sociedad no individualista, combativa ante lo injusto, lo intolerante. Una sociedad que milite la disidencia. Como dice Robert Mapplethorpe (2), polémico fotógrafo de desnudos, cuando habla de la sociedad utópica que él imagina: en ella descuellan unas composiciones armónicas y equilibradas, un ideal simétrico basado en la simplicidad de formas y en el juego sutil entre luz y sombra, en donde se privilegia la frontalidad que también transmite cierta intemporalidad” (Time Out de Londres el 3 de noviembre de 1983). Esa es quizás la estética de la fotografía del desnudo, una estética de las formas que resisten al tiempo, una estética de lo frontal, de lo que se despoja de todos los envases del deber-ser para caminar placenteramente hacia la libertad.

 

 

 

(1)BDSM: es un término creado para abarcar un grupo de prácticas y fantasías eróticas libremente consensuadas. Se trata de una sigla que combina las letras iniciales de las palabras Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo. Abarca, por tanto, un conjunto de seis modalidades eróticas relacionadas entre sí y vinculadas a lo que se denomina sexualidades alternativas.

(2)Robert Mapplethorpe fue un fotógrafo estadounidense, célebre por sus fotografías en blanco y negro de gran formato, especialmente flores y desnudos. El contenido sexual de algunos de sus trabajos, calificados de pornografía, generó más de una polémica durante su carrera

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