“Si yo hubiera sabido sobre el SST, jamás habría usado tampones”

Por Andrea Raimondi
Ilustración de Izumi Isozaki

Cada mujer vive un promedio de 38 años de fertilidad. 450 ciclos menstruales. Sangramos cerca de 2800 días, unos 7 años y medio de nuestras vidas. La menstruación forma parte intrínseca de nuestra existencia, del ser mujer. Durante nuestro período vital fértil consumimos alrededor de 11 mil toallitas o tampones. Sin hablar de los protectores diarios y el resto de productos que ha inventado cuidadosamente la industria de la higiene femenina, metida en todos los úteros de todas las mujeres que puedan pagar sus artículos.

¿Qué sabemos de los productos con los que gestionamos nuestra menstruación?

¿De qué están hechos?

¿Somos conscientes del riesgo que implica utilizar estos productos en nuestros cuerpos?

 El Síndrome de Shock Tóxico (SST) es una infección de riesgo mortal que se contrae, entre otros motivos, por el uso de tampones. La enfermedad fue relacionada por primera vez con estos productos de gestión menstrual en 1980. Treinta y siete años después sigue primando la desinformación y la ausencia de políticas preventivas.            Lauren Wasser, modelo británica de Vogue, perdió su pierna tras contraer el SST por haber usado tampones para gestionar su menstruación. Su presente es de lucha contra el silencio sobre la enfermedad que casi la mata, su testimonio hoy recorre el mundo en la búsqueda de concientizar a todas las mujeres.

El SST menstrual: qué es y cómo se previene

 El Síndrome de Shock Tóxico (SST) de tipo menstrual, es una infección causada por la bacteria Estafilococo Aureus que vive en la piel y al ingresar al torrente sanguíneo produce una septicemia (infección bacteriana de la sangre). Si bien es poco frecuente, al manifestarse tiene un alto índice de mortalidad y puede reaparecer en aquellas personas que sobreviven.

 El uso de tampones fue reconocido como el principal factor de riesgo para contraer SST por bacteria Estafilococo Aureus. Ocurre que estando en el canal vaginal el tampón queda en contacto directo con el torrente sanguíneo, y pasadas las 8 horas (o menos) de permanencia máxima recomendada, propicia un ambiente peligroso para que la bacteria comience a reproducirse, especialmente con tampones de alta absorbencia.  

Los síntomas iniciales son similares a los de una gripe:

  • Dolor de cabeza
  • Malestar general y dolor corporal
  • Fiebre alta y escalofríos

A medida que la infección avanza, comienzan a presentarse otros síntomas :

  • Confusión
  • Presión baja
  • Diarrea, náuseas y vómitos
  • Enrojecimiento de ojos, boca y garganta
  • Erupción roja generalizada
  • Insuficiencia de órganos
  • Convulsiones

Para prevenir el riesgo de SST de tipo menstrual se debe:

  • evitar el uso de tampones de alta absorción
  • cambiarlos con frecuencia (cada 4-8 horas)
  • mantener la higiene al manipularlos
  • no usar los tampones para dormir
  • alternar su uso con otros productos de gestión menstrual
  • no usarlos fuera de los días de menstruación.

 El Síndrome de Shock Tóxico se desarrolla en las personas portadoras de la bacteria Estafilococo Aureus, que son aproximadamente, el 20% de lxs seres humanxs. La bacteria se aloja en diversas zonas de la piel: en la  nariz, en las axilas y en la vagina, sin ocasionar riesgos para la salud. Al entrar  en el organismo de forma indebida puede ocasionar una septicemia.

 Si bien el SST causado por esta bacteria puede ser contraído por hombres, mujeres y niñxs por otros factores de riesgo, la mayor cantidad de los casos se dan en mujeres por el uso de tampones durante su período menstrual.

Tampones históricos: del papiro al “Tampax”

 El tampón es uno de los inventos más antiguos de la humanidad. Los primeros modelos  datan de unos   tres mil quinientos años atrás, en el Antiguo Egipto, donde las mujeres de clase alta usaban papiros húmedos enrollados, y las de clase baja improvisaban tampones de caña acuática suavizada. Entre los años 500 y 400 a.C Hipócrates, un médico de la Antigua Grecia, describió el uso de tampones hechos de gasa de hilo enrollados en trozos de madera. Casi mil años después,  en el 500 d.C, nace la primera “fábrica” de productos para la menstruación: tampones de lana peinada y enrollada que  lxs griegxs de Crimea producían para las mujeres nobles del imperio bizantino.. En el resto del mundo las mujeres gestionaron  su menstruación tomando los materiales que  la geografía disponía: papel, en Japón; rollos de hierba, en África Ecuatorial; lana, en Roma; fibras de vegetales, en Indonesia. El tampón moderno llegó recién a principios del siglo XX, en 1931, cuando el doctor Earle C. Haas patentó su diseño bajo el nombre “Tampax”, tampones hechos de almohadillas de algodón comprimido, el mismo material que se usaba entonces para absorber secreciones durante las cirugías, con un aplicador “telescopio” hecho de cartón.

 El tampón fue incorporado por la  mayoría de las mujeres, que lo preferían por su comodidad, mayor absorción, higiene y practicidad. Cuando el producto estuvo instalado en la industria de la higiene femenina como una tecnología segura y confiable, las empresas comenzaron a buscar ingredientes más baratos. En los años 60’ los componentes naturales fueron dejados de lado para ser reemplazados por otros, sintéticos, tales como dioxina, poliéster, carboximetilcelulosa, rayón de poliacrilato, entre otros. El uso de estos componentes es el desencadenante para que el tampón deje  de ser un producto seguro para la gestión menstrual, para convertirse en un factor de riesgo mortal.

Los riesgos de la practicidad: el descubrimiento del SST

 Según investigaciones independientes realizadas por el Dr. Philiph Tierno, profesor de micro biología y patología y autor del libro “La vida secreta de los gérmenes”, uno de los únicxs científicxs aventurados en investigar esta enfermedad en relación a los tampones, el uso de componentes sintéticos está directamente relacionado con la posibilidad de contraer SST: “El síndrome puede producirse si la mujer no tiene los anticuerpos o las defensas suficientes para combatir la bacteria. Sin embargo, los ingredientes sintéticos del tampón son un problema. Si fueran cien por ciento de algodón, los tampones serían menos riesgosos, o tal vez no lo serían de ninguna manera”, declaró a revista Vice.

 El Síndrome de Shock Tóxico fue descrito por primera vez en 1978, en Estados Unidos, donde a partir de ese año comenzó a registrarse una escalada de casos, hasta llegar en 1980 a una emergencia sanitaria con 890 casos registrados, de los cuales el noventa por ciento eran mujeres que habían usado tampones de alta absorbencia durante su menstruación. Treinta y cinco mujeres murieron. Este episodio coincidió con el lanzamiento  de los tampones de super-absorción de P&G, una marca recién llegada al mercado de la higiene femenina que quiso destacarse con un producto superior: el tampón Rely, con su famoso slogan “absorbe hasta la preocupación”. Este producto fue el principal objeto de estudio apuntado por investigadores dada la presencia de carboximetilcelulosa, poliéster y rayón de poliacrilato, reconocidos como causantes del Síndrome. Los estudios del Dr. Tierno apuntaron directamente a los componentes sintéticos encontrados en los tampones Rely: “La carboximetilcelulosa gelificada en esencia actuaba como agar en una placa petri, proporcionando un medio viscoso sobre el cual las bacterias podrían crecer”.

 Si bien no existió un acuerdo cerrado en la comunidad médica que pudiera afirmar que los tampones eran el factor desencadenante de todas esas muertes, la relación entre el SST y los tampones ultra absorbentes quedó establecida; en las mujeres estadounidenses se instaló la preocupación y la desconfianza y provocó que sus hábitos de consumo con respecto a los productos de gestión menstrual comenzara a modificarse.

 Algunos años antes de  la emergencia del SST, toallitas y tampones habían dejado de ser reconocidos como articulos de cosmetica, para pasar a ser reconocidos por la FDA (Administración de alimentos y medicamentos del Gobierno de EEUU) como elementos de tipo medicinal. Los tampones que causaron la emergencia habían sido entonces aprobados por este organismo estatal para poder salir al mercado. A partir del escándalo sucedido a principios de los 80’, las empresas estadounidenses de distribución mundial, Kimberly Clarck, creadora de Kotex, y P&G, creadora de Always y Tampax, entre otras, comenzaron a ser supervisadas esporádicamente por la FDA en relación al porcentaje de absorción presente en sus tampones, así como también los índices de dioxina y rayón, dos sustancias cancerígenas. Es decir, sin prohibir su comercialización ni tampoco el uso de elementos sintéticos, el Gobierno estadounidense apuntó a que los niveles de estos componentes en cada tampón no fueran mortales. Por otro lado, obligó a las empresas a incluir en los envases de sus productos un mínimo aviso de letras diminutas, único modo de  alertar a las consumidoras acerca de los posibles riesgos mortales que acarrea su uso.

 En los años siguientes, el silencio organizado, los lavados de imagen publicitarios y la disminución de sustancias mortales en los productos, cosa que los empresarios de la higiene femenina debieron hacer por la fuerza, contribuyeron a que el índice de SST menstrual disminuyera abismalmente, y que las mujeres volvieran a confiar.    

 Llegado el siglo XXI,  en Estados Unidos se produjo una re-emergencia que nuevamente fue asociada al aumento de absorbencia de los tampones, que fue posible por una enmienda en la regulación de la FDA, que autorizó ese aumento. A su vez, en las advertencias obligatorias presentes en los paquetes de tampones, no se desalentaba el uso  durante la noche, lo cual no es recomendable si tenemos en cuenta que la permanencia máxima recomendada es de ocho horas. Esto también fue reconocido por la comunidad científica como un factor de riesgo, dado que no somos capaces de controlar por completo nuestros ciclos de sueño, con lo cual, la permanencia de los tampones durante más horas de las recomendadas, aumenta el riesgo de contraer SST.

El SST en Argentina

 En este lado del continente, a donde llegan los mismos productos de las mismas empresas, la situación es incluso más desalentadora: No existen, desde los años 80’ en que el Síndrome fue alertado hasta la actualidad, estudios científicos, campañas sanitarias ni políticas de prevención. No circula ningún tipo de información que tienda a proteger a las mujeres del SST, difundir la formas de prevenirlo o la importancia de los productos alternativos para gestionar la menstruación.

 En Argentina, toallitas y tampones son reconocidos por la ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica) según la resolución 288, como dispositivos medicinales, lo que significa que deben ser aprobados por este organismo antes de su salida al mercado. Sin embargo, los análisis se renuevan únicamente cuando las empresas declaran el agregado o reemplazo de alguno de sus componentes. Por otro lado, al tratarse de elementos medicinales, no existen legislaciones que obliguen a las empresas a que la composición de estos productos sea de conocimiento público, es decir que esta informacion circula exclusivamente entre las empresas y los organismos gubernamentales. Al tratarse de controles esporádicos realizados únicamente sobre los productos, no existen investigaciones científicas que den cuenta de las consecuencias que el  uso de los tampones  puede ocasionar, a largo plazo, en los cuerpos de las mujeres.

 Los jabones, talcos, geles y desodorantes de uso íntimo no son considerados productos medicinales sino cosméticos, por lo tanto no son sometidos a los mismos controles que toallitas y tampones.

 El desaliento es doble al descubrir que hasta los elementos que en un principio eran naturales e inofensivos, también son riesgosos en la actualidad. Según un estudio reciente de la UNLP (Universidad Nacional de la Plata), se halló glifosato en los tampones y en las toallitas femeninas, así como también en gasas, hisopos y algodón. El glifosato es un herbicida reconocido por la OMS (Organización Mundial de la Salud) como una sustancia “probablemente cancerígena”. En conversación con Agencia Telam, el pediatra Medardo Ávila Vázquez, de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados, explicó la relación entre el glifosato y los productos de higiene femenina: “La mayoría de la producción de algodón en el país es transgénico y resistente al glifosato, se fumiga cuando el capullo está abierto entonces el glifosato queda condensado y pasa directo al producto”.

Luchar contra el silencio

 No circulan, en ningún lugar del mundo, investigaciones independientes que den cuenta de los riesgos del uso a largo plazo de los productos que por excelencia usan las mujeres para gestionar su menstruación: toallitas y tampones. En los juicios realizados contra las multinacionales por secuelas graves en la salud o muerte de mujeres por SST, las empresas se escudan en la posibilidad de contraer la enfermedad por otros factores de riesgo, y así clasifican la adjudicación de las muertes como arbitraria. El mensaje de alerta presente hoy en todos los envases de tampones que giran por el mundo se convirtió en un pase libre de la cárcel para las industrias de la higiene femenina: si  te lo advertimos , la irresponsabilidad es tuya.

 En 2017 los tampones siguen siendo un riesgo mortal, y la concientización en torno a esta enfermedad se acerca lentamente gracias a mujeres que entienden que es vital luchar contra la desinformación.

 A fines de los 90’, la congresista estadounidense Carolyn Maloney creó un proyecto de ley que apunta a promover la investigación independiente de los riesgos del uso a largo plazo de los productos de gestión menstrual, la circulación pública de los componentes, y la regulación de todos los artículos de higiene femenina. La Ley, que lleva el nombre de una mujer fallecida por SST en 1998, Robin Danielson, fue rechazada nueve veces por el Congreso de EEUU. Maloney no se da por vencida, sabe que la fabricación y la venta de estos productos es un negocio millonario, y aunque lograr  la prohibición parece una utopía, la concientización es un arma que puede salvar vidas: “las mujeres estadounidenses gastan más de 2.000 millones de dólares al año en productos de higiene femenina, y la mujer promedio usará más de 16.800 tampones y toallitas a lo largo de su vida. A pesar de esta gran inversión y el alto nivel de consumo, ha habido una investigación limitada sobre los posibles riesgos para la salud que estos productos pueden plantear a las mujeres”, explica Maloney a la revista estadounidense Rewire.

 Hace tres años, Lauren Wasser, una modelo británica de la revista Vogue, rozó la muerte por contraer SST. Lauren perdió una pierna y la mitad de un pie a sus veinticuatro años, desconociendo por completo la enfermedad que casi la mata. Junto con su novia, crearon un proyecto fotográfico en la que la modelo posa con su pierna ortopédica por las calles de Inglaterra. Las imágenes y su testimonio tuvieron trascendencia mundial y pusieron en marcha la concientización en torno a esta enfermedad mortal. Lauren Wasser lucha para que las advertencias en las cajas de tampones sean igual de claras que las de los cigarrillos, así expresó en Revista Vice “Sabes que los cigarros pueden matarte y si fumas es tu decisión. Si yo hubiera sabido sobre el SST, jamás habría usado tampones”.

lauren-wasser-model-1Fuente: Vice

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