Ética tortillera: “la lucha de inventarnos un nosotrxs”

¿Qué posición conciben las lesbianas frente al mundo? Tantas como lesbianas existan. Virginia Cano habla en Ética Tortillera. Ensayos en torno al ethos y la lengua de las amantes (Madreselva, 2017) desde su subjetividad como “torta académica”: un nombre, una forma de llamarse que la habilita a hablar de las diversidades que existen dentro de las categorías: ¿Qué es ser torta?

Curandería: escucha clínica, performática y gualichera

Curandería no es lineal en su relato:, con una fuerte impronta psicoanalítica, los textos del libro navegan entre la poética y la conceptualización. Tiene diálogos teóricos que oscilan entre Nietzsche y Deleuze. Y hacen falta distintas lecturas para  reconocer los síntomas de un contexto al que precisamente le falta volver a las bases: la escucha. Porque la escucha es también una práctica política.

El Partidito, un delirio patronal

El eco del silbato retumba en la cancha del Club Estrella de Maldonado, escenario elegido para la “obra de fútbol” que recorta en noventa minutos la disputa de poder entre patrones y empleades, y el cinismo – siempre funcional a los intereses de unxs pocxs – del discurso empresarial. El Partidito, un delirio patronal, nos muestra qué pasa cuando la hostilidad laboral es tan grande que termina resquebrajando la propia legitimidad que la sostiene: los cuerpos se cansan de fingir docilidad y cada gol es así, una lucha por la propia libertad. 

Crónica del 34° Encuentro Plurinacional y disidente de mujeres, lesbianas, trans, travestis, bisexuales, intersex y no- binaries en La Plata

Dicen que lo que no se nombra no existe. Por eso llamar a este encuentro “somos plurinacionales, somos disidentes” no es una casualidad.
El coro permanente del público cantando“plurinacional y con la disidencias” no pudo ser acallado. Una batalla ganada para muchxs compañerxs que no se sienten representadxs bajo el rótulo mujer.

“Y ahora, actuá la muerte” Mis días sin Victoria, una obra de Rodrigo Arena.

Si el desamor es un mero guión o la experiencia vivida y repetida por Rodrigo Arena, autor de Mis días sin Victoria, es prescindible al momento de observar cómo yace en el suelo, con el alma desnuda y abierta por completo al público. El pecho cerrado y su respiración agitada, borran toda frontera entre la ficción y la realidad, entre les intérpretes y las personas que les habitan. 

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