Todo fulbito es político

¿Cuántas veces nos dijeron (o le dijeron a alguien) ‘machonas’ por jugar a la pelota con los pibes? ¿Cuántas veces esos mismos pibes nos decían que pateábamos como ‘nenas’? ¿Por qué descargaban todo su odio en el lenguaje con el que se dirigían a nosotras, las ‘varoneras’ que gustaban de hacer deporte? 

Porno feminista, no sólo un cambio de roles

El Salón Erótico de Barcelona, en su viralizada publicidad de 2018, nos pregunta cómo aprendimos a coger. “Tal vez creas que fue así –un pizarrón de aula que reza ‘Educación Sexual’– pero la verdad es que fue más bien así, ¿no?” y entonces aparece una de las imágenes más familiares de nuestra pubertad: pantalla de televisión de las de antes, rayas de niebla de canal no contratado, tonos grises que dejan vislumbrar y distinguir el ritmo incesante de una relación sexual. Una teta. Una cara de placer. Un pene erecto que entra y sale. Porno.

Mojar la cama

Estoy de espaldas pero sé que estás ahí. Desnudo y con los ojos cerrados, abrazando mi almohada con todo tu cuerpo. Siempre que te haces bolita no puedo evitar jugar a alzarte como si fueses un bebé indefenso, como si no tuvieses casi cuarenta años.

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